Ayer de nuevo la vi llorar, la tomé del brazo y por tercera vez esta semana, le prometí que aprendería a bailar, siempre lo olvida. A veces sus riñas duran muy poco, ella llora y tengo que consolarla, un par de abrazos y decirle que todo se arreglara pasado el mediodía basta para verla reír. Es muy simple, a veces no tengo que poner demasiada atención.
Estos días la he notado un poco más desolada, pero cada vez que lo pienso la veo más cerca de él, quizá sea mi imaginación, quizá soy muy poco comprensible e incluso, he llegado a creer que la gente tiene razón, que no encajo, que no concuerdo, que estoy loco. Hoy por ejemplo, tomé un tazón y le añadí un poco de leche, después fui por el cereal y se lo agregué a la leche, quizá muchos en estos momentos estarán pensando que perdí la cabeza, pues he sabido que la gente común hace todo lo contrario, que primero añaden el cereal y luego la leche. En verdad a veces quisiera saber porque las cosas son como son, por qué adoro recortar las orillas del pan para después comérmelas, por qué me pongo primero el calcetín izquierdo y no el derecho o por qué ella está tan vacía, si los dos se aman.
Quizá le tomo demasiada importancia, la veo brincar, sonreír y a veces soñar despierta, le doy un par de vueltas, caminamos juntos y de nuevo la regreso para que se sienta sola.
Todo parece tan bien, aunque de nuevo comienzo a pensar que si he perdido la razón, que nada es así. Por ello, he decido que tal vez mañana en vez de perder el tiempo buscando algo, que después encontraré porque lo he dejado en su lugar, me alejaré de ella, tal vez así logre curar mi demencia o tal vez, decida ya no prometerle aprender el vals, que ya no estará sola, que ya no lo olvidará.
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