Hoy escribí más historias para hacerte sentir mejor, no me
enoja saber que las hojas quedaron donde es debido, en una cajón, junto a tu
mesa de cama, a un costado de tus listones, algunos rojos, otros verdes y doy
por seguro que de ahí no saldrán; se hace tarde, caminamos frente al parque,
los niños, sus risas, el atardecer y las palomas huyen, todo.
Seguimos caminando, he practicado toda la tarde
y es la segunda vez –en todo el trayecto- que tengo que obligarme a
memorizar lo que te tengo que decir. Quizá lo valga, tantas veces he querido
hacerlo, pero las ganas de salir huyendo y no estropear nada caen en exceso,
pues si uno no empieza las cosas, simplemente no puede estropearlas…
“Porque
así eres,
así
son tus cómplices,
que
ante los querientes
marcas
una represalia,
que
ante los deseosos
no
marcas limites,
que
ante los que te niegan,
marcas
nuevas pautas…”
Calle, semáforo, vuelta a la izquierda, un par de
señoras miran, sonreímos a la par; el camino es largo, me parece que tienes
cara de fatiga y me pregunto si no habrás descansado bien anoche, si alguna
riña te habrá robado el sueño o si simplemente las preocupaciones te dejan con
insomnio, pero que tonto, tu cansancio son mis ojos y tus preocupaciones, mi
menester. ¡Qué olvido!
Creo que he disfrutado un poco el pasaje, no has dicho
mucho, pero todo está bien; me encanta saber que escuchas…
Antes de partir no he de negar que he estado pensando sólo
en trivialidades y la holgazanería es una placer del cual uno no puede
reprocharse, pero me es inevitable pensar –aceptar- que desde un principio he
sido feliz contigo, que no por menos he tenido la suerte de encontrarte, que me
he resignado a estar contigo, sólo por miedo a saber que puedo lograr lo que
quiero, que aunque puedo ser feliz sin ti, sólo quiero serlo contigo. Y ahora
-que estamos por llegar- solo pido, no permitas que suelte tú mano,
que si estoy distante, vuelvo…
No hay comentarios:
Publicar un comentario