viernes, 27 de abril de 2012

No me equivoqué



Hoy escribí más historias para hacerte sentir mejor, no me enoja saber que las hojas quedaron donde es debido, en una cajón, junto a tu mesa de cama, a un costado de tus listones, algunos rojos, otros verdes y doy por seguro que de ahí no saldrán; se hace tarde, caminamos frente al parque, los niños, sus risas, el atardecer y las palomas huyen, todo.
Seguimos caminando, he practicado toda la tarde y  es la segunda vez –en todo el trayecto- que tengo que obligarme a memorizar lo que te tengo que decir. Quizá lo valga, tantas veces he querido hacerlo, pero las ganas de salir huyendo y no estropear nada caen en exceso, pues si uno no empieza las cosas, simplemente no puede estropearlas…

“Porque así eres,
así son tus cómplices,
que ante los querientes
marcas una represalia,
que ante los deseosos
no marcas limites,
que ante los que te niegan,
marcas nuevas pautas…”

 Calle, semáforo, vuelta a la izquierda, un par de señoras miran, sonreímos a la par; el camino es largo, me parece que tienes cara de fatiga y me pregunto si no habrás descansado bien anoche, si alguna riña te habrá robado el sueño o si simplemente las preocupaciones te dejan con insomnio, pero que tonto, tu cansancio son mis ojos y tus preocupaciones, mi menester. ¡Qué olvido!
Creo que he disfrutado un poco el pasaje, no has dicho mucho, pero todo está bien; me encanta saber que escuchas…
Antes de partir no he de negar que he estado pensando sólo en trivialidades y la holgazanería es una placer del cual uno no puede reprocharse, pero me es inevitable pensar –aceptar- que desde un principio he sido feliz contigo, que no por menos he tenido la suerte de encontrarte, que me he resignado a estar contigo, sólo por miedo a saber que puedo lograr lo que quiero, que aunque puedo ser feliz sin ti, sólo quiero serlo contigo. Y ahora -que estamos por llegar- solo pido, no permitas que suelte tú mano, que si estoy distante, vuelvo…

No hay comentarios:

Publicar un comentario