jueves, 19 de enero de 2012

De cosas que la gente no entiende

Ayer de nuevo la vi llorar, la tomé del brazo y por tercera vez esta semana, le prometí que aprendería a bailar,  siempre lo olvida. A veces sus riñas duran muy poco, ella llora y tengo que consolarla, un par de abrazos y decirle que todo se arreglara pasado el mediodía basta para verla reír. Es muy simple, a veces no tengo que poner demasiada atención.
Estos días la he notado un poco más desolada, pero cada vez que lo pienso la veo más cerca de él, quizá sea mi imaginación, quizá soy muy poco comprensible e incluso, he llegado a creer que la gente tiene razón, que no encajo,  que no concuerdo,  que estoy loco. Hoy por ejemplo, tomé un tazón y le añadí un poco de leche, después fui por el cereal y se lo agregué a la leche, quizá muchos en estos momentos estarán pensando que perdí la cabeza, pues he sabido que la gente común hace todo lo contrario, que primero añaden el cereal y luego la leche. En verdad a veces quisiera saber porque las cosas son como son, por qué adoro recortar las orillas del pan para después comérmelas, por qué me pongo primero el calcetín izquierdo y no el derecho o por qué ella está tan vacía, si los dos se aman.
Quizá le tomo demasiada importancia, la veo brincar, sonreír y a veces soñar despierta, le doy un par de vueltas, caminamos juntos y de nuevo la regreso para que se sienta sola.
 Todo parece tan bien, aunque de nuevo comienzo a pensar que si he perdido la razón, que nada es así. Por ello, he decido que tal vez mañana en vez de perder el tiempo buscando algo, que después encontraré porque lo he dejado en su lugar, me alejaré de ella, tal vez así logre curar mi demencia o tal vez, decida ya no prometerle  aprender el vals, que ya no estará sola, que ya no lo olvidará.


Volar..

Desde la última competencia se encontraba tan perturbado que llevaba varios días sin dormir,  de hecho tan perturbado, que esos días se convirtieron en meses y esos meses lo llevaron al momento en el que se encontraba, un jueves 12 de un mes tan esperado, día en  que como todos los años participaría en la carrera de su vida, la carrera que no había ganado hace un año ni mucho menos el anterior.
Quizá el motor que lo empujaba a participar éste y todos los años anteriores, iba más allá de la dotación de comida rápida que obtendría si ganaba, quizá iba más allá del reconocimiento de todos o quizá más allá de todo el esfuerzo que había demostrado en ocasiones pasadas y del sentido del deber que sentía para aguardar su sueño.
Desde muy temprano se había dirigido al lugar donde se llevaría a cabo la competencia, el cielo estaba despejado y  el sol muy brillante, muy parecido al día de ayer. Tantas veces había estado en el mismo lugar, pero cada una tan distinta, tan suya, que hasta se atrevería a decir que es la primera vez que participaba. Aunque situaciones pasadas lo habían entrenado para lidiar contra todas las mofas del extranjero que vivía junto a su casa y que ni siquiera hablaba su idioma o contra todas las burlas de aquella vecina de la segunda casa junto al árbol y más aún contra todas las bromas de la gorda de la tienda, de quien se dice un sinfín de chismes, jamás se había atrevido a hacer  a un lado su particular forma de ser, su excentricismo ni su amable forma de vivir.
Mientras se dirigía a la línea de salida, todas las personas parecían haberse limitado a realizar una serie de risas burlonas y  señalamientos a cada paso que daba, a cada movimiento que realizaba y a cada respiro que suscitaba aquel pobre individuo.
Después de una larga espera la carrera había comenzado, avanzaba y  casi llegaba a su fin. Momentos tan cruciales son difíciles de olvidar, se encontraba en segundo puesto y poco a poco se acercaba al primer lugar. En ese momento pensó que debía intensificar su esfuerzo, qué era preciso creer en sí mismo, pero tal vez ya había sido demasiado, ya no sentía sus pies sobre el suelo y todo se alejaba en vez de acercarse. Nunca había estado tan cerca, nunca.
Tantas caras de asombro reunidas, desde la pequeña niña en overol hasta aquel gordo con gorra miraban atónitos, hacia un cielo azul y frio que abría paso a lo imposible.  
La carrera había terminado, la gente  aplaudía. Aquí, comprendió  que  no había ganado, que ya no importaba más seguir compitiendo, que lo único que interesaba era volar, seguir soñando.

R.M