sábado, 21 de marzo de 2015

Las arenas del tiempo.

¿Cuántos secretos guardan las arenas?

Yo aposté que mil por cada una de ellas, pero la curiosidad es necia y debía asegurarme; comencé a contarlas.
Ahora soy parte de la tierra…

Sería imposible desde donde me ves, ahogado hasta la frente y por debajo de esta tumba, que gritase mi condena. 
Pero tantas veces me rendí y me olvidé de la cuenta. 
¿Era tan iluso? ¡Escapar!

El reloj que me trae de vuelta, no a tiempo y sin presura al recuento, la condena del balance de  cada polvo en tus manos, las caderas sobre este desierto. 

El sol que no brilla y tu boca de sílice...

Agotado y sobre esta sed ¿Serías capaz de enterrarme de nuevo? Porque al presente no se le engaña y las arenas que nos doman insaciables me piden de regreso.

¿Y si al acabar pudiera levantarme?

Te lo aseguro amor mío, me bebería cada mar y  cada estrella en tu cuerpo. Y eso me bastaría para volver maravillado a la pena que me guarda.


Pero es tarde, el ocaso...
Te deshaces sobre el viento y los secretos se ocultan en pirámides de susurros, nos cavan el sepulcro del ciclo sinfín.

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