Sobre mi palma el frío, luz de calor que ha perdido el sueño. Y cada paso que da por escapar, nos hace sentir más lejanos.
Hay hielo alrededor de mis huesos y tambores que no se rinden, nos auxilian con sus brazos y hacen sonar una guerra.
Tormenta que nos pide hogar...
De noche, cuando sobre mis manos sostienen sus mundos hechos de cristal y reflejos, mi corazón palpita al unisono de sus penas y escucha su silencio.
La aurora, que quema mis dedos, se escapa y nos abraza en su azul brisa. ¿No es la vida quien te llama? Y con cada sonar del tiempo, se acerca a su destino.
Quizá, si soltara el peso con el que cargo, tendríamos la oportunidad de correr sobre el manto que nos rodea. ¡Nieve y astillas de sueños!
Destellos convertidos en agua y universos luchando por seguir. ¿Es el reloj de un nuevo comienzo?
Cada latir, un siglo y su existencia.