viernes, 7 de septiembre de 2012
-Siguiente estación, porfavor
-Disculpe señor, levántese.- La chica del asiento de al lado me miró fijamente y luego guardó en su bolsillo una libreta color azul.
-¡Oh! Cuanto lo siento, me he quedado dormido...-Dije muy apenado.-¿La he molestado?
La chica cambió su expresión en el rostro y ahora miraba al suelo.
-No se preocupe señor, supuse que bajaba en la siguiente estación porque su boleto...
-¿Mi boleto?-La interrumpí. Ella sonrió algo apenada y dijo:
-Sí, su boleto dice que se dirige a.. y ya hemos..
Me levanté con sobresalto y grité:
-¡Llegado! Se me hace tarde..¡Le agradezco mucho...! ¿Cuál es su nombre?
-Gina, señor.
- Cuanto le agradezco, Gina.. Fue un gusto conocerla y la proxima vez que nos veamos no me llame "señor".. mejor dígame Gabriel.- Dije mientras tomaba mis cosas y salía del autobús con rapidez.
"En estos días, no buenos ni malos, sólo días, he tenido que salir mas veces de lo planeado. A veces no me alcanza el tiempo para hacer todos los deberes y siempre termino muy exhausto, pero así son las cosas últimamente y no me quejo. Yo sé que ha pasado bastante tiempo y que hasta ahora sólo cerrar los ojos me ha bastado, pero me atrevo a pensar que de ti en mí, las palabras no mueren, que aproximados el uno al otro y basados en un choque, solo alcanzamos a devolver vida.
Seguramente te preguntarás que si con tantas salidas extraño mi hogar, te diré que a veces si, pero que siempre no, pues cuando salgo de casa no hay necesidad de cargar con un recuerdo para sentirme seguro, no hay necesidad de mirar atrás porque siento que no viajo, pero que curiosamente, que tampoco vuelvo.
Hay tantas cosas de que preocuparse últimamente que de los problemas jamás me preocupo. Y si lo hago, sólo lo suficiente como para no mostrarme arrogante ante quienes si lo hacen.
De vez en cuando me he mirado en el reflejo de un auto, tal si alguien maliciosamente quisiera darme a conocer mi rostro, para que de un segundo a otro pudiera asombrarme con el cambio y pensar que el tiempo me ha cobrado lo que le debo. Pero eso a mí no me desconcierta, pues el tiempo no me consume, al contrario, me crea.
Cuando camino no me gusta pensar en demasiadas cosas, pues seguramente perderé de vista las calles y a la gente, pero entre recordar el karate, las clases natación, a Andres y su novia histérica, a la tía Carla y por supuesto la escuela, prefiero mirar el cielo, ese mismo que por encima de ti y entre tus manos, se acaricia, y que para sorprenderme, abusas de sus secretos..."
Abordé el autobús y de inmediato me dirigí al lugar donde acostumbraba, lado derecho, cuarta fila junto a la ventana. Había un chica en el lugar de junto, le pedí permiso y me senté. La observé un poco, a lo cual ella me respondió con una mirada un poco indistinta mientras sacaba de su bolso una pequeña libreta, luego tomó un lápiz y se dirigió a una hoja de la cual sólo alcancé a percibir un nombre : Gabriel.
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